Mi socito me decía tras ver el juego de ayer que ya es costumbre perder y hasta el perro lo sabía. Ya no es sorpresa en el día y cualquiera nos derrota. «Te lo digo compatriota, esto es un sano consejo, si quieres llegar a viejo no sigas viendo pelota».
Y entonces le respondí compadre, soy optimista, porque yo fui deportista y derrotas también viví. Hay cuatro Alazanes ahí tricampeones nacionales. Son bien duros los rivales y aunque Cuba ya no es fuerte sigo apostando a la suerte de ser campeones mundiales.
Salió Albertico berriao echando «guinga y fogones»: -Toy hasta aquí de apagones me tienen medio obstinao. Mi mujer no ha cocinao ni teniendo una arrocera. Y anoche la mosquitera casi me desangran vivo Según dicen, el motivo es rotura en la Guitera-
José el de la guarapera, fue a la empresa ya cabrón pues por tanto quitipón se le jodió la nevera -La cosa es en Cuba entera-, dijo Baby mi vecina. Le di el pésame a Sabina que casi llorando ayer sin luz se le echó a perder la leche de su sobrina.
Hasta la chopi cerraron porque sin aire, imposible, y no queda combustible para el «Grupo» que donaron. -Ni en la radio lo anunciaron no convencen las razones. Hay diversas opiniones en cada circunscripción se ha puesto la situación que le ronca los sazones.
Qué martirio en la primaria vivimos la muchachera, les hablo de la piojera que llegó hasta secundaria. Esa era lucha diaria, y tremendo desafío. Cierto que se armaba el lío si la seño revisaba y si en uno demoraba ¡húyele que está cundío!
Se ponía a revisar peliando con sus enojos: ¡El niño que tenga piojos al aula no puede entrar! La pobre María Pilar nunca temprano salía. Maye, Dayanis, Thalía, Carricarte igual cogió, ni el mulato se salvó hasta Cedeño tenía.
Toda pócima probada ¿qué no inventaba el cubano? Luz brillante con lindano y cabeza empavesada. Toda el aula contagiada y madres a revisar. Quedó para recordar como lema de estudiante: que el piojo ya es integrante del patrimonio escolar.
Después de la borrachera que en una feria cogimos, al otro día nos fuimos de viaje por carretera. Sin dormir y a la ligera salimos para un campismo. Fundido por mi alcoholismo, medio muerto de resaca no me dio tiempo hacer caca y agarré viaje así mismo.
Pa qué contar esa historia de marcado sufrimiento, sudando frío en tormento todita la trayectoria. Mal recuerdo en mi memoria por tranquilo que se diga. Con mi tripa de enemiga haciendo caro el pasaje: fue una tortura ese viaje con dolores de barriga.
Ni con la brisa fresquita que entraba por las ventanas se apaciguaban las ganas de esa flojera maldita. Y con calma la guagüita sin querer colaborar. Yo loco por evacuar, hasta mis piernas temblaban y unas viejas me miraban loquitas por preguntar.
-Mijito, piensa en el mar y respira bien profundo- Y yo medio moribundo que no podía ni hablar. -Estamos casi al llegar nada más falta un poquito- Aproveché un bachecito, y en esfuerzo sobrehumano, alivié como cubano disimulando un peíto.
-Dame un chance bajo el puente asere, que me reviento- No doy detalles del cuento por no quedar de indecente. Sin que mucho lo argumente esa zona la cerraron. Al poblado lo evacuaron después que allí descargué y un «recuerdo» allí dejé que hasta en Feibu me sacaron.
Hoy me doy chucho y me río pero bien mal la pasé, ni de temba olvidaré aquel viajecito mío. Describí ese desafío como en décimas lo hago. Ese fue un momento aciago -una mala travesía- con el recuerdo en el día que por poquito me cago.
Coño prima te nos fuiste cuanto dolor familiar un vacío va a quedar por todo lo que tú hiciste. Pero sonríe, cumpliste tus tareas con desvelo. Y seguro que en el cielo por tu bondad en la vida tendrás como bienvenida el abrazo de tío Felo.
A la oficoda temprano hoy María Luisa llegó mas con la misma viró con el papel en la mano. Como sucede al cubano no se sale de un aprieto. No está jodido completo el sistema de gestión es que hay despreocupación y se ha perdido el respeto.
Cuarenta y tres de casados se dice y parece poco pero si no me equivoco llegan a 100 conectados. Buenos, chéveres, honrados celebran su aniversario. Mando un verso en comentario y que Facebook no lo dude porque el día que yo me mude los quiero en mi vecindario.
De luto nuestra nación un grande se nos ha muerto descansa en paz Adalberto el Caballero del son. Siempre bailo la canción que te escuché aquella noche. Bayamo guarda con broche de oro tu gran carrera y el pueblo siempre te espera para pasear en un coche.
De luto nuestra nación un grande se nos ha muerto descansa en paz Adalberto el Caballero del son. Siempre bailo la canción que te escuché aquella noche, cuando cerraste con broche de oro aquel festival de Bayamo en carnaval donde paseaste en un coche.
Allí en la cola del pollo se vive cada locura, es que está en nuestra cultura vivir del brete y el rollo. No habrá mucho desarrollo mas sí comunicación. Es que la cola es reunión, foro, peña o asamblea y aunque usted no se lo crea pasa el rato en diversión.
Allí mismo me contaron de la boda de Pedrito que siendo buen muchachito bien rápido lo dejaron. De las cosas que robaron en la tienda de la esquina. De la bronca de Cristina con la hermana de Vicente y del «letrero» del frente del solar de mi vecina.
Vive sonriente el colero que del pueblo se aprovecha con su descaro cosecha facilito su dinero. El hijo del carnicero con el hielo da una mano. Con su cuñado y su hermano cortan, pesan y despachan y a la careta te fachan como todo buen cubano.
A la sombrita es mejor, allí se ponen los viejos que entre chismes y consejos dan nacimiento al rumor. También está el jodedor que da chucho sin parar. Y el curda va a refrescar su fuega allí en ese ambiente compartiéndole a la gente por qué no fue a trabajar.
Se aparece el manganzón como Plan Jaba y se cuela e impedidos con la muela sin prótesis, ni bastón. Casi siempre hay fajazón pero al rato se controla. Cada cubano se inmola lleva en su estirpe el marcar aunque no vaya a alcanzar lo importante es hacer cola.
Me fui pa unos carnavales de Manzanillo en el tren que es otra joya también de viajeros orientales. Y al no quedar ya lugares me eché to el viaje de pie. A las seis horas llegué como piedra en un zapato por buscar lo más barato yo mismo me compliqué.
Al subir me carteriaron los mil pesos que llevaba tan contento que yo andaba todito me lo llevaron. Los zapatos me ensuciaron y el pitusa se rajó. Un guajiro me guapeó mi lugar en la escalera y gritó que se lo diera porque «antier» lo reservó.
Como no iba sentado a cada rato en el viaje me exigían el pasaje como estaba regulado. Uno fumando a mi lado, un vejigo dando grito, dos chivos, un lechoncito, una mudá y una moto, vendedera y alboroto en aquel viaje maldito.
Se reventó una manguera llegando casi a Veguitas y perdimos tres horitas solo en esa jodedera. Se coló una mosquitera cerquita de Vuelta el Caño. Y arreciando más el daño me entró ganas de orinar salta un viejo a aclarar: «No se puede usar el baño»
Vaya alegre viajecito del buey de hierro y andén. Qué recuerdos de ese tren y aquel trayecto inaudito. Por mucho que se haya escrito hay que hacerle un homenaje. Para el regreso, el pasaje lo boté en la terminal y hoy si vuelvo al carnaval pago un taxi para el viaje.